El Ejecutivo fracasó en garantizar la educación y la salud durante la pandemia

Ambas áreas fueron desatendidas por el gobierno, así como la población vulnerable, según un estudio de PADF.

Por su Constitución y como signatarios de convenios internacionales que lo obligan a garantizar la educación y la salud a su población, el gobierno de El Salvador debía asegurar ambos derechos aún en momentos de emergencia, como la pandemia del covid-19. Sin embargo, el estudio de la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD) concluyó que hubo un gran fracaso durante la emergencia por parte del gobierno de Bukele.

Pero no es una falla que ha aparecido solo en 2020 y 2021, sino una carencia histórica que viene arrastrando al país, según concluyeron al revisar las partidas presupuestarias asignadas a Educación y Salud por el Ejecutivo en el quinquenio entre 2015 y 2019. .

“Hemos analizado los presupuestos del 2015 al 2020, cuánto ha sido el compromiso financiero en salud, educación, pobreza y las poblaciones más vulnerables. Hemos visto carencias enormes en cuanto al destino de los fondos públicos” para estas áreas, mencionó el economista Marroquín.

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Encontraron en su análisis que, si bien existe un compromiso «sustancial» para garantizar la Salud y la Educación, los tres países están lejos de alcanzar una inversión del 6% de su Producto Interno Bruto (PIB) en estos rubros, que es el estándar recomendado. internacional

Como resultado, hubo un déficit en la atención de la salud de la población durante la pandemia y una reducción en la calidad educativa.

En El Salvador, una forma de evitar las críticas fue encubrir u ocultar datos sobre el verdadero impacto de los casos y muertes por covid-19 en el país, explicaron los investigadores.

“Muchos gobiernos querían quedar bien, ocultando información sobre la letalidad del virus. Esto aumenta aún más la letalidad del virus, porque si no tenemos la información, no podemos actuar correctamente para evitar que se sigan produciendo estas muertes. Si no logramos detectar en qué municipios, por ejemplo, estuvo más presente el virus, y en cuáles hubo menos protección a su salud, no podremos tomar acciones para evitar estas muertes”, dijo Quinteros.

Por eso, “querer que un Estado luzca bien, a costa de brindar información vital, es agravar aún más las condiciones en que la gente sufre, con este tipo de fenómenos” como la pandemia.

Asimismo, ya pesar de los esfuerzos de cada país, la pandemia destapó las carencias que ya existían a nivel educativo.

“Los retrasos que pueda haber en el sistema educativo van a tener repercusiones a largo plazo. El Salvador y Guatemala son los países donde el deterioro educativo fue mayor, pues perdieron 1.2 años”, mencionó el sociólogo.

Este déficit está estrechamente relacionado, según el estudio, con que El Salvador fue el segundo país con el mayor período de confinamiento obligatorio a nivel mundial, lo que mantuvo a su masa de estudiantes alejada de asistir a clases presenciales.

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Respecto a la estrategia del gobierno salvadoreño de dotar de dispositivos tecnológicos (laptops, tablets) tanto a estudiantes como a docentes, el especialista en sociología comentó que “no basta con entregar equipos, porque si no tenemos docentes que los sepan utilizar para enseñar, o alumnos que saben usarlos para aprender, al final lo que vamos a tener es gente que está viendo otras cosas en internet, y no necesariamente mejorando su sistema educativo”.

Finalmente, el estudio concluyó que El Salvador tampoco cumplía con la atención a grupos vulnerables y programas específicos contra la pobreza.

“Entre 2015 y 2020 no vimos una institucionalidad programática para responder a las necesidades de estas poblaciones, ni un compromiso financiero; Fue muy complejo que en el momento de una emergencia se activara el Estado bajo una lógica de protección de derechos, pero también priorizando a estas poblaciones vulnerables, porque es evidente que en los últimos cinco años estas poblaciones no habían sido una prioridad”, explicó Marroquín.