El espíritu de nuestro tiempo…

Este es el «Espíritu de nuestro tiempo», tan vulgar, insolente y desafiante; así educamos a nuestra próxima generación; así que no culpemos a los demás

El espíritu de nuestro tiempo – cabeza mecánica (Título original: Mechanischer Kopf – Der Geist unserer Zeit) es una escultura dadaísta de Raoul Hausmann, que evoca críticamente el clima moral, intelectual y cultural de una época; Una lista de temas de rap underground del artista Elio Toffana también lleva ese nombre…

Pero sobre todo, al hablar o escribir sobre el espíritu de nuestro tiempo, siempre nos remite al Zeitgeist de Hegel; de hecho, la tarea del filósofo es pensar su propio tiempo, y en el caso hegeliano era la relación entre los dos grandes conceptos iluminados por el pensamiento filosófico: Naturaleza y Espíritu.

Hegel interpretó la realidad desde la dialéctica (tesis, antítesis, síntesis); A diferencia del modelo clásico de Heráclito, considera el error o la negación misma, como un momento necesario y evolutivo de la verdad que preserva, absorbe, elimina o supera el error; y evoluciona hasta llegar a una «Idea absoluta» («Todo lo racional es real y todo lo real es racional (…) espíritu objetivo, subjetivo y absoluto»).

Más allá de lo artístico y filosófico, y aterrizando en nuestra realidad, nos preguntamos ¿cuál es el espíritu de nuestro tiempo? ¿Y cuál es el espíritu de nuestro tiempo en El Salvador?

Siguiendo a Hegel, podríamos definir el espíritu del tiempo o de una época como la referencia al clima, ambiente o ambiente intelectual y cultural de una determinada generación o momento; Es un constructo que se refiere a los caracteres distintivos de las personas en una sociedad. También puede ser el «estado de ánimo social, cosmovisión e ideología» de una nación o región; similar a una identidad cultural colectiva.

Pasando a la pregunta sobre el espíritu de los tiempos en El Salvador, para muchos hay optimismo y piensan que las nuevas políticas y Bitcoin nos llevarán al centro neurálgico de la transformación digital y el bienestar…; pero hay otra foto más real y dramática en el día a día de las redes sociales, marcada por ciertos rasgos de odio, insultos, humillaciones, burlas, intolerancia, linchamiento digital, bullying, entre otras manifestaciones.
Se ha institucionalizado un proceso de “reforma” sobre la base de la estupidez, el cinismo y la irreverencia, que lo impregna todo, desde el lenguaje corporal hasta la semiótica y las narrativas oficiales. El «bayunco» y el antisistema mola…

Muchos no piensan, solo repiten lo oficial; se cree las fake news que circulan por Facebook, Twitter o WhatsApp; procesan los renders como hechos de facto; y definitivamente valoran lo digital más que lo real.
Estamos ante nuevas ideologías y cosmovisiones, y ni la sociología clásica ni la antropología tienen respuestas a las legiones de idiotas (Umberto Eco) que desencadenan procesos hiperdemocráticos, discursos, teorías, linchamientos de nada. Tienes que pensar bien qué y cómo lo vas a decir.

La desescolarización del sistema educativo con la pandemia ha potenciado la intensidad de los escenarios online; ¿Qué resultados habrá en el futuro con los niños y niñas que no han socializado? Aún no lo sabemos. El mundo del trabajo también se ha visto transformado por el teletrabajo y puede modificarse aún más en el futuro bajo el modelo de transformación digital e Industria 5.0. Mientras las tecnologías avanzan a pasos agigantados hacia nuevos paradigmas informacionales, como predijo Manuel Castells en sus tres volúmenes de La era de la información.
En el mundo educativo local se lee menos, no hay debate serio y se escribe poco; predominan los “me gusta”, la imagen, el video y los memes. Efectivamente, estamos viviendo de modo paralelo, por un lado vivimos en ambientes depresivos o rutinarios, pero por otro lado proyectamos deseos reprimidos o ideales; incluso muchos hacen catarsis o desnudan su vida privada en las redes sociales, o al menos nos cuentan qué comen, cómo se sienten, a dónde van, con quién están, etc. Es raro, pero así funcionan las cosas.

Es posible que cada cambio generacional haya sido más o menos así, con esa sensación de incomprensión, pero ahora se impone una sensación de entropía a pesar de los avances tecnológicos; la brecha es enorme entre productores y consumidores; y en efecto, nos han domesticado para consumir, “compro, luego existo” y la gente confunde felicidad con ganar dinero. El último IPhone es urgente, estar y estar.

No quería dejar de lado en esta reflexión, la cantidad industrial e irresponsable de basura que generamos y nuestra actitud indiferente ante el deterioro ambiental; nuestro placer y necesidades están por encima de todo.

Este es el «Espíritu de nuestro tiempo», tan vulgar, insolente y desafiante; así educamos a nuestra próxima generación; por lo tanto, no culpemos a otros. Queríamos llenar nuestros vacíos emocionales con cosas, nos importaba más trabajar que disfrutar y hablar, nos interesaban más las notas que aprender, creíamos que dar todo lo posible a nuestros hijos solucionaría su futuro y ahí están las consecuencias.

Investigador Educativo/[email protected]